El feminismo… Según ¿Quién?

El feminismo… Según ¿Quién?

Autora invitada: Gabriela Reynoso

Esta reflexión se deriva de casi un año de pandemia y confinamiento, de situaciones que he experimentado, otras de las que me entero, y otras tantas que leo aquí y allá sobre el machismo y el feminismo. Al ser un tema sensible, quiero dejar muy claro desde ahora que esta es mi propia postura y opinión, basada en mis propias experiencias.

El primer hombre que me enseñó algo sobre el feminismo en el hogar fue mi tío, hace aproximadamente 40 años. Lo recuerdo muy bien. Hacía cualquier cantidad de labores domésticas a la par de mi mamá, mi abuela y mi tía. A la fecha lo sigue haciendo, y su nivel de cooperación doméstica nunca le impidió llegar a ser lo exitoso que ha sido en su carrera profesional. ¿De dónde aprendió mi tío esta forma de vivir? De mi abuela, mexicana, de Puebla, de principios del siglo XX.

El primer hombre que me enseñó algo sobre el feminismo en el trabajo fue Pepe Cajigas, hace un poco más de 20 años, era mi jefe y el dueño de la empresa en la que trabajaba. Mi opinión valía tanto como la de él o la de cualquiera, y había momentos en los que incluso le ganaba pequeñas batallas intelectuales y me dejaba hacer las cosas a mi modo. Pepe me enseñó que por muy alto que fuera el rango de una persona en una empresa, o por muy caro que fuera el proyecto que estuviéramos por cerrar, siempre antepusiera mi opinión, mi dignidad y mi entereza como ser humano y como mujer, sin importar las consecuencias. ¿Quién le enseñó esto a Pepe? Sus papás, españoles de principios del siglo XX.

Como pudiste ver, lecciones muy valiosas de igualdad de género las aprendí desde las acciones cotidianas de dos de los hombres de mi vida hace 40 y 20 años atrás, y que a su vez ellos lo aprendieron de personas que vivieron hace un siglo. Irónico, ¿no?

 

A mí me parece que el feminismo y el machismo (independientemente de la época y el contexto), se tratan de fenómenos sociales y culturales provocados por la suma de los hábitos y las costumbres que se van heredando de a poco, y pasan de generación en generación.

 

Sin duda es nuestra responsabilidad social contribuir a que los cambios sucedan, pero creo que también lo podemos hacer desde nuestra propia experiencia, en nuestra casa y con nuestro ejemplo, cada día.

Respeto profundamente todas las posturas y movimientos feministas. Sin embargo, yo trato de vivir mi femineidad y mi derecho a la igualdad de género desde el equilibrio y desde el ajuste de pequeños actos y pensamientos de todos los días. Disfruto tanto ponerme el labial y los tacones por la mañana, como que alguien me ayude a cargar el garrafón del agua, como el hacer valer mi derecho de opinar y de ganar el sueldo que me corresponde, o distribuir las tareas domésticas entre todos, sin importar si somos hombres o mujeres.

Mi postura es nunca perder de vista dos cosas. La primera, que es una realidad que hombres y mujeres SÍ somos diferentes por naturaleza. Hay diferencias en nuestro cuerpo, cerebro y forma de procesar la información. Esas diferencias son buenas y complementarias, y si las explotamos y potencializamos para bien, podemos lograr resultados extraordinarios. La segunda, que por el solo hecho de existir, ambos géneros tenemos derecho a la libertad de expresión y de decisión, a la igualdad de trato, y al respeto, por nosotros mismos y por los demás.

 

Para mí, ser mujer o ser hombre es igual de valioso, y esa búsqueda de equilibrio en mis acciones cotidianas es el legado que puedo dejar, no solo a mi hijo, sino a mi entorno, y es así como creo que, de a poco, podemos cambiar el mundo.

 

Para ti, ¿qué significa ser mujer u hombre?

El feminismo… Según ¿Quién? ¡Feliz Día de la Mujer!

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